El Aloe arborescens desarrolla tonos rojizos cuando se expone al sol fuerte, lo cual no es dañino. Pero si las hojas se resecan o presentan manchas marrones, reduce la exposición. Esta reacción es natural en invierno o con estrés hídrico. Un riego ligero cada 15 días y sol filtrado bastan para equilibrar la planta. Bajo condiciones estables, recupera su color verde con bordes ligeramente anaranjados.
