Las suculentas son plantas maravillosas, resistentes y de bajo mantenimiento, pero no son indestructibles. Para mantenerlas sanas y bonitas, lo más importante es controlar el riego. Riégalas solo cuando la tierra esté completamente seca, utilizando poca cantidad de agua para evitar la pudrición de raíces. Usa sustrato con buen drenaje, idealmente mezcla de arena, perlita y turba. Colócalas en un lugar luminoso, con luz solar indirecta, y evita el exceso de humedad ambiental. En invierno, reduce la frecuencia de riego a una vez cada tres o cuatro semanas. Recuerda que menos es más: el exceso de agua es la causa número uno de muerte en suculentas.
Cómo cuidar tus suculentas para que no se mueran
