Después de la germinación, las plántulas necesitan estabilidad térmica. Mantén la temperatura entre 22 y 26 °C de día, y 18–20 °C por la noche. Evita cambios bruscos y corrientes de aire. Las bajas temperaturas ralentizan el crecimiento, mientras que el calor excesivo provoca deshidratación. Los termostatos digitales con sonda ayudan a mantener condiciones constantes. En verano, una ligera brisa o ventilador suave previene el sobrecalentamiento del semillero.
