Aunque las suculentas aman la luz, una exposición repentina al sol fuerte puede provocar quemaduras: manchas marrones, secas o blanquecinas en las hojas. Para evitarlo, aclimata tus plantas gradualmente. Si vienen de interior, colócalas primero en un sitio con sol filtrado durante unos días antes de exponerlas al exterior. En verano, protégelas durante las horas más intensas (12 a 16 h) usando una malla de sombreo o colocándolas bajo una pérgola. No riegues justo antes de exponerlas al sol, ya que las gotas actúan como lupa. Una buena costumbre es girar las macetas cada semana para que reciban luz uniforme. Con una adaptación progresiva, tus suculentas desarrollarán pigmentos protectores que intensificarán su color sin dañarse.
Cómo prevenir quemaduras solares en tus suculentas
